LA CAPTACIÓN DE MENORES POR EL CRIMEN ORGANIZADO EN COLOMBIA: ANÁLISIS DE LOS FACTORES DE RIESGO Y TÁCTICAS DE RECLUTAMIENTO

RESUMEN

    En Colombia las organizaciones criminales emplean diferentes métodos para reclutar a jóvenes vulnerables, a partir de factores de riesgo socioeconómicos y emocionales, con captación a través de redes sociales y tácticas de persuasión, que van desde promesas materiales hasta coacción y violencia.

  En este sentido, se analizan las vulnerabilidades clave, como la pobreza, la falta de oportunidades y los entornos violentos; además de los canales de captación, dados por contactos personales y plataformas digitales, además de las estrategias de adoctrinamiento, manipulación e inmersión en la cultura de la organización, lo que incluye aislamiento, rituales y violencia para ejercer control.

ABSTRACT

    In Colombia, criminal organizations use various methods to recruit vulnerable young people, leveraging socioeconomic and emotional risk factors. Recruitment is conducted through social media and includes persuasive tactics ranging from material promises to coercion and violence.

    This analysis examines key vulnerabilities such as poverty, lack of opportunities, and violent environments. It also looks at recruitment channels, including personal contacts and digital platforms, in addition to strategies for indoctrination, manipulation, and immersion into the organization's culture. This includes isolation, rituals, and violence to exert control.

Keywords: Colombia, FARC, recruitment, social media, criminal socialization.

SUMARIO: 1. INTRODUCCIÓN. 2. METODOLOGÍAS DE RECLUTAMIENTO Y SOCIALIZACIÓN CRIMINAL: DE LO TRADICIONAL A LO DIGITAL. 3. LAS REDES SOCIALES COMO HERRAMIENTA DE RECLUTAMIENTO. 4. FACTORES DE RIESGO Y VULNERABILIDAD EN LA JUVENTUD. 4.1. Marginalización socioeconómica (nivel macro). 4.2. Entornos violentos y ausencia estatal (nivel macro). 4.3. Vulnerabilidad emocional y afectiva (nivel meso/micro). 4.4. Factores culturales e identidad colectiva (nivel meso). 4.5. Rebelión y atracción por la aventura (nivel micro). 5. COMPARATIVA OPERATIVA: COLOMBIA VS. ISIS EN TÁCTICAS DE CAPTACIÓN. 6. EL RECLUTAMIENTO DE MENORES DE EDAD COMO VIOLACIÓN A LOS DERECHOS HUMANOS. 7. CONCLUSIONES. 8. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

1.INTRODUCCIÓN

    El reclutamiento y la socialización criminal de menores por parte de organizaciones delictuales en Colombia es un fenómeno que ha estado presente durante décadas. La guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) incorporó a miles de niños y adolescentes a sus filas, empleando métodos que iban desde el adoctrinamiento ideológico hasta la coacción armada directa1. Tras el Acuerdo de Paz de 2016, aunque la mayoría de los combatientes se desmovilizaron reconociendo el daño infligido, surgieron grupos disidentes, además del Ejército de Liberación Nacional (ELN), bandas narcotraficantes, que retomaron o reinventaron las tácticas de captación, aprovechando nuevas herramientas como las redes sociales2.

    En la actualidad, se observa un aumento del reclutamiento de menores en Colombia, de hecho, según la Defensoría del Pueblo, los casos reportados pasaron de 37 en 2021 a 409 en 2024, lo que representa un incremento de 1005%3. Esto se explicaría por la reactivación de conflictos locales, la expansión de grupos armados en zonas desatendidas y la adaptación de estrategias de captación más sofisticadas, implicando esto último la utilización del espacio digital en sus operaciones y la difusión de propaganda vía plataformas como TikTok e Instagram para seducir a los jóvenes4. Para prevenir, surge la necesidad de entender integralmente la forma en que estos grupos atraen y retienen a sus víctimas, en su mayoría jóvenes, por lo que se analiza la evolución de las tácticas de reclutamiento, tradicionales y digitales, en cuyo contexto las redes sociales se utilizan como instrumento de captación masiva, situación que constituye una violación a los Derechos Humanos.

2. METODOLOGÍAS DE RECLUTAMIENTO Y SOCIALIZACIÓN CRIMINAL: DE LO TRADICIONAL A LO DIGITAL

    A lo largo de las últimas décadas, las formas de reclutar jóvenes, y que éstos asuman una socialización criminal, han evolucionado significativamente. En el contexto del conflicto armado interno, las FARC aplicaron reclutamientos masivos y sistemáticos de menores: la Jurisdicción Especial para la Paz documentó que entre 1971 y 2016 esta guerrilla incorporó a más de 18.000 niños, niñas y adolescentes como combatientes56 . En ese periodo, los métodos incluían la coacción armada directa, a través de incursiones en pueblos para llevarse a menores de edad bajo amenaza; el secuestro encubierto, que consistía en raptar a menores en caminos o veredas; y el adoctrinamiento intensivo en campamentos, en que se les persuadía para “unirse a la lucha revolucionaria” con promesas de justicia social, pero si las promesas fallaban no dudaban en emplear la violencia física para incorporarlos7.

    Debido al Acuerdo de Paz de 2016, la mayoría de combatientes de las FARC se desmovilizaron y este patrón de reclutamiento masivo y forzoso terminó. La guerrilla admitió el daño causado a generaciones de niños soldados, no obstante, surgieron facciones disidentes que rechazaron el proceso de paz, además de otros grupos armados (como el ELN y bandas criminales derivadas del paramilitarismo) que mantuvieron o readaptaron las tácticas de captación de menores. Entre 2017 y 2020, postconflicto, hubo una reducción en los casos conocidos, sin embargo, pronto la tendencia se revirtió: de acuerdo con la Defensoría del Pueblo, los casos reportados de reclutamiento de menores subieron de 37 en 2021 a 409 en 2024, a medida que recrudecieron conflictos locales y se reacomodaron los actores armados8.

    En este nuevo escenario, las organizaciones criminales, asociadas al narcotráfico y la insurgencia, siguen considerando a los menores como recursos estratégicos, pero han aprendido de la experiencia y aprovechan la tecnología para optimizar el proceso. Antes empleaban figuras de “enganchadores” que recorrían áreas rurales pobres, ganándose la confianza de la comunidad, o merodeaban escuelas rurales para identificar a niños influenciables. En zonas campesinas durante el conflicto, la relación era muchas veces coercitiva desde el inicio, ya que los grupos ocupaban amplios territorios, que incluían escuelas, generando un clima de coacción en el que no era posible rehusarse9.

    Paralelamente, aplicaban tácticas que podrían denominarse de “corazones y mentes”, por ejemplo, ofreciendo protección a la población o repartiendo víveres, para de esa manera concitar apoyo, sin embargo, posteriormente solicitaban a las familias que “cedieran” un hijo como contribución a “la causa”, ejerciendo violencia contra quienes se negaban. En este sentido, según la JEP, en el 57% de los casos investigados el ingreso de los menores a las FARC ocurrió por medio de amenazas o el uso directo de la fuerza10.

    Sin embargo, la radicalización y/o la socialización criminal de jóvenes ha dado un salto al mundo digital, dado que los reclutadores han incorporado internet y redes sociales como herramientas centrales para difundir su mensaje y captar nuevos integrantes. Esto no implica que hayan abandonado las formas previas, sino que han incorporado un nuevo frente de propaganda y contacto a distancia, por ejemplo, las disidencias invertirían más de 1.400 millones de pesos colombianos en sus operaciones de reclutamiento en línea11.

    Respecto a lo anterior, actualmente estos grupos integran tácticas híbridas, ya que continúan realizando enganches presenciales, con redes de informantes locales y coacción a docentes en zonas bajo su influencia para identificar a los “alumnos apropiados”12, principalmente en zonas selváticas, con poco control estatal; como también, aprovechan la hiperconectividad de los adolescentes, difundiendo por Facebook imágenes atractivas de la “vida guerrillera” y establecen contacto vía WhatsApp o Instagram Direct con potenciales víctimas, incluso utilizando como intermediarios a jóvenes ya captados, con el propósito de atraer a sus pares, técnica que la Fiscalía ha denominado el “método del enamoramiento”, ya que estos menores ya reclutados actúan como embajadores e incluso seductores13.

3. LAS REDES SOCIALES COMO HERRAMIENTA DE RECLUTAMIENTO

    Las redes sociales han transformado el modo en que la información se comparte y se consume a escala global. Aunque estas plataformas han brindado oportunidades para la conexión y el intercambio de ideas, también han sido utilizadas por grupos terroristas como el Estado Islámico (EI) para promover su ideología y radicalizar a individuos. En este contexto, TikTok ha sido una plataforma particularmente influyente para la difusión de propaganda, especialmente entre los jóvenes.

    El esfuerzo propagandístico que hacen grupos armados no es nuevo, por ejemplo, a fines del siglo diecinueve, en el marco de la denominada “oleada anarquista”, los terroristas usaban pólvora para perpetrar los atentados, a los cuales consideraban como “propaganda por el hecho”, debido a que con los ataques se buscaba concitar la mayor atención posible, incluso, en esa época la prensa escrita informaba de los atentados, por tanto, la violencia en un sustituto o complemento de la auténtica propaganda14.

     Sin perjuicio de lo anterior, algunos estudios sobre terrorismo harían un uso demasiado amplio de la palabra “propaganda”, asumiéndola como sinónimo de “comunicación”. La propaganda es una forma de comunicación destinada a fomentar la divulgación amplia o masiva de contenidos doctrinales o ideológicos, ideas y opiniones políticas, morales o religiosas, basada en el empleo de estrategias persuasivas distintas de la argumentación racional y desapasionada. Generalmente la propaganda tendría como destinatarios preferentes a una o varias audiencias que están predispuestas a aceptar la posición defendida por los mensajes15.

    De la Corte Ibáñez y Jaime Jiménez exponen que: “[…] la propaganda terrorista funciona ante todo como un producto de consumo interno para los militantes y simpatizantes de la organización que la emite y como un cebo para atraer a individuos y colectivos que, de entrada, no tienen una posición contraria a los terroristas”16. De igual forma, la propaganda, a través de su narrativa perniciosa, busca llegar a diferentes individuos, con el objetivo de polarizar y radicalizarlo. Asimismo, se pueden observar diferentes factores que caracterizan a la propaganda y con una serie de técnicas y recursos retóricos como: la parcialidad; el simplismo; los estereotipos; culto al líder y explotación de comunicadores carismáticos; la emocionalidad, y por último, la distorsión, desinformación y la mentira. En estos últimos, se muestra que todo mensaje persuasivo necesita apoyarse de argumentos verosímiles, con el objetivo de ofrecer una realidad falsa o distorsionada. Además, hacen referencia a hechos, sucesos o situaciones inventadas, con una carga de ficción y fantasía.

   Respecto a lo anterior, resulta pertinente señalar, que las organizaciones yihadistas han demostrado que poseen capacidad de adaptación, en sus métodos y funcionamiento, por lo que utilizan las tecnologías de la información para difundir su propaganda, como es el caso del Estado Islámico, que ha producido sofisticada propaganda audiovisual, la que difunde a través de internet, con la intervención de profesionales especializados, incluso en diferentes idiomas.

     En este sentido, la irrupción de la inteligencia artificial también estaría siendo incorporada como una herramienta terrorista, principalmente para la elaboración de contenido propagandístico, con la posibilidad de diseñar narrativa segmentada a diferentes perfiles, para que sea más creíble y con mayor capacidad de radicalizar. Debe precisarse, que la inteligencia artificial no solamente les serviría a los terroristas para generar captación y propaganda extremista persuasiva, sino que también puede ser usada para obtener información durante la planificación de los atentados, por ejemplo, para obtener información de los blancos de ataque y de rutas de escape17.

     Cabe precisar, que lo anterior, aunque está referido al fenómeno terrorista, que se caracteriza por sus motivaciones políticas y/o ideológicas, es aplicable a las disidencias y otras agrupaciones armadas de Colombia, aunque en sus motivaciones prevalecerían las económicas por sobre las políticas, debido a que generan comunicación, con recursos retóricos, orientada a captar nuevos integrantes.

    Las redes sociales se han convertido en un nuevo campo de batalla para la radicalización y la socialización criminal, posibilitando que los grupos armados difundan propaganda y recluten bajo anonimato. En particular, TikTok, Instagram, Facebook y YouTube destacan como herramientas clave para influir en menores. El formato de vídeo corto vertical de TikTok y los reels de Instagram resultan eficaces para captar la atención de adolescentes, porque se trata de videos dinámicos, breves, con música y estética juvenil, que muchas veces incluyen bailes y memes, pero con mensajes sutiles o explícitos de apología violenta. Asimismo, los algoritmos de estas plataformas tienden a amplificar contenidos similares a los que el usuario interactúa, creando una cámara de eco que puede amplificar la propaganda extremista ante un menor impresionable, una vez que muestra interés inicial18.

    Investigaciones recientes han revelado ejemplos concretos en Colombia. Cuentas de TikTok asociadas a las disidencias de las FARC han publicado desde contenido humorístico con trasfondo político hasta explícitos llamados a “unirse a la lucha”. Por ejemplo, se viralizó un vídeo con la frase “No fui su primer novio, pero sí su primer guerrillero”, en el que se utiliza humor para normalizar la idea de tener una pareja que sea miembro de la guerrilla. Otros clips incluyen invitaciones como “El Frente X te espera, joven. Ven y construye un futuro mejor”, presentadas con jerga coloquial y música urbana Estas piezas mezclan rebeldía adolescente, referencias culturales populares y promesas de propósito, en una dosis fácil de digerir. Asimismo, los grupos han usado las redes para glorificar la vida criminal: la Fiscalía ha encontrado perfiles que exhiben armas de alto calibre, fajos de billetes, vehículos lujosos y hasta ceremonias fúnebres ostentosas de sus miembros caídos. Al mostrar solo el lado glamuroso (poder, riqueza, “honor”), buscan distorsionar la realidad de la guerra ante los ojos jóvenes, vendiéndola como aventura y estatus en lugar de peligro y sufrimiento. “Quieren transmitir a los jóvenes mensajes distorsionados de las ventajas de ser parte de estos grupos”, declaró Johana Quintero, fiscal especializada en reclutamiento ilícito19.

    Cabe señalar que, en países de América Latina, en sectores urbano-populares, la estética e imágenes de los videos de música reggaeton trasmiten la cultura asociada al narcotráfico, en los que incluso se ostentan armas, con letras que hacen alusión a la venta y consumo de drogas, como algo normal y propio de la diversión juvenil, situación que facilitaría la aceptación del estilo de propaganda de las disidencias.

    Un aspecto crucial de las redes es su interactividad y alcance interpersonal. A diferencia de un panfleto estático, plataformas como TikTok permiten retroalimentación y contacto directo, por lo que los reclutadores explotan estas herramientas, no solamente subiendo videos, sino que responden a los comentarios y mensajes de los espectadores. Se ha documentado que luego publicar contenidos llamativos, integrantes del grupo monitorean los comentarios, entonces, si un adolescente escribe “¿Cómo me uno?” o “Yo también quiero ir”, de inmediato lo invitan a pasar a un canal privado (por ejemplo, le responden “Escríbeme al privado”) para entablar conversación con él. En ese espacio privado, ya sea el chat de TikTok, Facebook Messenger, WhatsApp o Telegram, comienza un proceso personalizado de persuasión: el captador se presenta amistoso, resuelve dudas del joven, le pide discreción y empieza a darle indicaciones concretas de qué pasos seguir para sumarse. En ocasiones, llegan a coordinar la logística de la fuga, como lugares y horario para encontrarse con alguien del grupo que lo llevará al campamento20.

    Un caso ilustrativo lo protagonizó un adolescente del Meta en 2023, quien abandonó su hogar tras ver un anuncio en TikTok en que se ofrecía “trabajo cuidando ganado, salario 3 millones”. Atraído por la promesa, contactó al perfil anunciante y este resultó ser un reclutador del Estado Mayor Central (disidencia); durante días chatearon, convenciéndolo de viajar a una supuesta finca de entrenamiento. La madre del menor, al ver que su hijo desapareció revisó su teléfono y descubrió la trampa, dando aviso a la policía. Las autoridades lograron rescatarlo 72 horas después, en un campamento guerrillero, junto a otros adolescentes que habían sido engañados de manera similar21. En total, 87 menores fueron recuperados en 2024 en operativos de este tipo, evidenciando la eficacia que estaba teniendo esta estrategia digital antes de ser detectada22.

    No todos los menores son rescatados, debido a que para evitar que sean rastreados, estos grupos los trasladan hacia otras zonas de Colombia, pudiendo citarse como ejemplo la descripción que hace un mediador comunitario de la Pastoral Social: “Hace unos meses, tres menores vestidos de camuflado y armados con fusiles se entregaron aquí, en Arauca. La sorpresa fue que explicaron que venían del Cauca, un departamento que está en la otra punta de Colombia. Esto lo hacen los grupos para evitar que las familias o las organizaciones puedan localizarlos”23.

    Las tendencias globales de uso digital juegan a favor de los reclutadores, debido a que los adolescentes pasan varias horas en línea, muchos sin supervisión, y tienden a confiar en lo que ven en redes. El formato breve de TikTok facilita que absorban un mensaje sin mucho análisis crítico. Además, como ya se había dicho, la estética cuidadosamente producida de algunos vídeos (con edición atractiva, música, humor) los hace más seductores que cualquier panfleto artesanal de décadas pasadas. Cabe señalar, que tras la firma del acuerdo de paz, se difundió una suerte de nostalgia rebelde en redes: por ejemplo, proliferaron “narcocorridos” y canciones tributo a comandantes guerrilleros, alimentando la imagen romántica del insurgente entre ciertos sectores juveniles24. Al parecer, estos grupos han sabido capitalizar esa cultura y el uso de internet para presentarse casi como una subcultura transgresora, de moda.

    En Latinoamérica, no sólo las FARC aplican estas fórmulas, otros actores criminales replican estrategias similares en redes, como el Clan del Golfo en Colombia, las pandillas centroamericanas e incluso cárteles mexicanos han incursionado en TikTok con videos exhibiendo lujos, armas doradas y música de corridos para atraer a adolescentes de barrios pobres. La ONU advirtió que Facebook y TikTok se han vuelto “vehículos de reclutamiento de menores” por parte de grupos armados no estatales en diversas regiones. En respuesta, estas plataformas han anunciado políticas para eliminar contenido que promueva organizaciones peligrosas, pero la realidad es que mucho material logra evadir la moderación el tiempo suficiente para causar daño25. Existe un juego del gato y el ratón: las cuentas son cerradas y los grupos abren otras nuevas, a veces manteniendo su base de seguidores al migrar de una a otra.

    Según un informe de la Unidad de Investigación y Acusación (UIA) de Jurisdicción Especial para la Paz, 1.494 niños y adolescentes han sido reclutados desde 2016, incluso, que cada 48 horas un niño fue reclutado por grupos armados, señalando que respecto al uso de las redes sociales como instrumento de captación, más de medio millón de usuarios visualizan publicaciones en las promueve el reclutamiento de niños y adolescentes por los grupos armados, y que al menos 146 cuentas en redes sociales fueron revisadas e identificadas como usadas por esas estructuras ilegales para captar a menores, cuyas publicaciones habrían alcanzado en promedio las 230.00 reproducciones26.

   En definitiva, las redes sociales se han transformado en una herramienta poderosa de reclutamiento criminal, amplificando el alcance geográfico de los captores y permitiéndoles ocultar su identidad con la utilización de perfiles falsos. Un vídeo viral puede sembrar la semilla de la curiosidad en cientos de jóvenes de diferentes ciudades simultáneamente, algo impensable hace 20 años. El formato vertical y algorítmico de TikTok encaja con los hábitos de ocio de la juventud, lo que multiplica las probabilidades de que un menor se tope con propaganda encubierta en su pantalla. Este “nuevo frente” digital obliga a actualizar las estrategias de prevención e involucra retos como la colaboración con las empresas tecnológicas para detectar a tiempo contenido de captación.

4. FACTORES DE RIESGO Y VULNERABILIDAD EN LA JUVENTUD

    Se pueden identificar varios factores de riesgo y clasificados en niveles macro (estructurales), meso (comunitarios) y micro (individuales):

4.1. Marginalización socioeconómica (nivel macro)

    La pobreza, el desempleo juvenil, la falta de acceso a educación y la ausencia de oportunidades crean un contexto fértil para el reclutamiento27. En muchas regiones de Colombia calificadas como “olvidadas” por el Estado, la guerrilla se convierte en la única opción visible para los jóvenes. La carencia de medios legítimos para prosperar hace que la oferta de un sueldo, por mínimo que sea, o simplemente de tener comida y ropa aseguradas, resulte altamente seductora. De hecho, alrededor del 19% de los menores desvinculados de grupos armados indicaron haberse unido para suplir sus necesidades básicas 28. Asimismo, la deserción escolar está directamente correlacionada con el reclutamiento: un adolescente que abandona los estudios pierde un entorno protector y queda expuesto a estar en la calle, sin supervisión, volviéndose vulnerable ante estas organizaciones. Por el contrario, comunidades donde los jóvenes pueden seguir estudiando y existen más oportunidades, la tasa de reclutamiento sería menor.

    En un estudio en el que se analizó el reclutamiento de menores de edad en la zona rural del departamento de Caquetá entre 1995 y 2010, fueron identificados patrones de vulnerabilidad socioeconómica y la presencia de grupos armados como factores determinantes. Aunque el periodo analizado es anterior al Acuerdo de Paz, muchas de las circunstancias identificadas continúan vigentes em el 2025, aunque en un contexto de fragmentación de actores, el reclutamiento, forzado y voluntario, es un fenómeno vigente. Dicha investigación determinó que la mayoría de las víctimas eran campesinos o trabajadores rurales, con edades que fluctuaban entre 12 y 17 años, y un porcentaje significativo pertenecía a minorías étnicas, siendo determinante la condición socioeconómica de pobreza, por la vulnerabilidad que ésta genera, mientras que 75% eran varones y 25% mujeres29.

4.2. Entornos violentos y ausencia estatal (nivel macro)

   Vivir en zonas con fuerte presencia de grupos armados o pandillas, donde la violencia es cotidiana y la autoridad del Estado ejerce un débil control, aumenta exponencialmente el riesgo30. En eso lugares, los jóvenes crecen normalizando la violencia y viendo a los actores ilegales como referentes de poder. Departamentos como Cauca, Nariño o Arauca, donde existe alta actividad de guerrillas y narcos, se registran los mayores índices de reclutamiento infantil. Por ejemplo, Cauca concentró 300 de los 409 casos reportados en 2024, evidenciando la correlación entre intensidad del conflicto y captación de niños31. Si un adolescente siente constantemente amenazas en su entorno (enfrentamientos armados y homicidios) puede llegar a considerar que unirse al grupo armado es una forma de protección o supervivencia: “mejor estar con ellos que ser víctima de ellos”. De hecho, se han documentado casos de menores que tras sufrir violencia extrema, por ejemplo, asesinato de familiares, buscaron refugio ingresando al mismo grupo responsable de dicha violencia, como mecanismo psicológico de desesperación en que se abraza al agresor para evitar seguir siendo vulnerables32. Otro factor es la cultura local de ilegalidad, ya que, en comunidades cocaleras o zonas de contrabando, los jóvenes crecen viendo la actividad criminal como normal y deseable, porque quienes la ejercen tienen dinero y respeto. Esa socialización hace que un ofrecimiento de los grupos armados sea percibido como algo natural.

4.3. Vulnerabilidad emocional y afectiva (nivel meso/micro)

    No todas las carencias son materiales, dado que la falta de acompañamiento parental, las familias disfuncionales o el maltrato intrafamiliar generan en los jóvenes vacíos afectivos que pueden ser explotados por reclutadores33. Un niño sin padre ni madre presentes, o que sufre abuso en casa, puede desarrollar profundas ansias de pertenencia y reconocimiento en otro lado. En este sentido, los grupos armados a menudo se presentan como “una nueva familia” para sus miembros, prometiendo camaradería, respeto y sentido de pertenencia –cosas muy seductoras para un adolescente aislado o con baja autoestima34. “La vulnerabilidad no es solo económica, también es afectiva”, señala el informe Una guerra sin edad, evidenciando que muchos chicos marcados por la pérdida o la soledad encontraron en la guerrilla la figura paterna o fraterna que no tenían35. Por este motivo, un reclutador hábil detectará rápidamente a un joven falto de cariño y lo colmará de atenciones, siendo amable, demostrándole interés, incluyendo regalos y halagos, para ganarse su confianza, antes de solicitarle que se una. Asimismo, si el menor tiene problemas de conducta o baja integración social, el grupo le ofrece disciplina y un rol. Conviene resaltar que, según un estudio de Luis de la Corte, la radicalización proporciona al adepto “una nueva orientación vital y una autoestima reforzada por la identificación con la causa”36. Esto se aplica también a estos menores, pues ser parte del grupo les da una identidad para llenar el vacío personal, similar a como ocurre con los grupos terroristas, aunque en este caso no existe un sustrato ideológico.

4.4. Factores culturales e identidad colectiva (nivel meso)

    En algunas comunidades existen narrativas culturales que predisponen a la violencia, por ejemplo, en regiones donde la masculinidad tradicional se asocia con ser aguerrido, proveedor a cualquier coste, los varones adolescentes sienten que deben demostrar hombría mediante la fuerza37. Las FARC explotaron esto, reclutando a menores de edad con el lema de “sé un hombre de verdad, defiende a tu pueblo con las armas”. Por otro lado, ciertos grupos étnicos minoritarios (indígenas, afrocolombianos) han sufrido exclusión histórica y a veces carecen de confianza en el Estado, por tanto, no es casual que casi la mitad (48,3%) de los menores reclutados entre 2022 y 2024 perteneciera a comunidades indígenas, según datos de Naciones Unidas38. Las FARC prometerían protección y forzarían a niños indígenas a unirse para supuestamente “reunirlos con familiares” que ya estaban en la guerrilla39. En esas situaciones, la identidad cultural del menor es manipulada: su orgullo étnico es utilizado para convencerlo de luchar contra el “opresor”, o su desarraigo se profundiza sacándolo de su entorno.

4.5. Rebelión y atracción por la aventura (nivel micro)

    La adolescencia es una etapa de rebeldía y búsqueda de experiencias intensas. Algunos jóvenes, incluso sin carencias materiales severas, se sienten tentados por el discurso romántico de la revolución o el estilo de vida delictivo40. La idea de enfrentar al sistema establecido, de vivir al límite, puede ser glamurizada en música, películas y redes sociales. Un adolescente impresionable puede idealizar la figura del “guerrillero legendario” o del “narcotraficante exitoso” que ve en narcocorridos y series de TV. Si a esto se suma que a esa edad muchos se sienten inmortales y subestiman el peligro, la promesa de aventuras, como ir a la selva, usar armas, pertenecer a algo clandestino, hace que desestimen riesgos. Este factor explica que jóvenes de clase media han llegado a unirse a grupos armados sin sufrir necesidades económicas, ya que buscarían sentido de vida o emociones fuertes. Es importante recalcar que, la gran mayoría de adolescentes rebeldes no terminan enrolándose en grupos violentos, porque canalizan su energía a través de otras actividades, como arte, activismo legal y deportes, entre otros. En ciertos casos, la combinación de vacío existencial, gusto por el riesgo y exposición a propaganda de grupos armados, puede llevarlos a dar ese paso.

5. COMPARATIVA OPERATIVA: COLOMBIA VS. ISIS EN TÁCTICAS DE CAPTACIÓN

    a) Grooming digital y arquitectura de redes: Tanto ISIS como los grupos armados colombianos han desarrollado sistemas de captación que funcionan como embudos progresivos. En ambos casos, el proceso comienza con una fase de descubrimiento (contenido aspiracional), seguida de contacto directo, aislamiento, adoctrinamiento y retención. ISIS codificó esta arquitectura en sus manuales internos, con roles definidos para cada fase: cuentas de atracción, mentores y facilitadores logísticos41. En Colombia, aunque menos formalizado, se observa una lógica similar: jóvenes ya vinculados actúan como “modelos” en redes sociales, reclutadores contactan por mensajería, y el grupo se encarga de la reubicación y retención.

    Conviene hacer la distinción, que ISIS usando internet ha difundo su mensaje de manera global, por lo que en diferentes países individuos se han radicalizado usando su computador personal, sin viajar a zonas donde está asentada la estructura organizacional, para luego perpetrar ataques en forma autónoma y actuando en solitario, de hecho, esta organización desde internet ha alentado a sus seguidores a actuar por cuenta propia y usando los medios disponibles, por lo que se han generado incidentes terroristas mediante atropellamientos masivos con vehículos o ataques con armas blancas.

    b) Narrativa aspiracional y construcción de identidad: ISIS ofrecía a los jóvenes un proyecto utópico, que era formar parte de un califato justo, luchar por la Umma, y en algunos casos, alcanzar el martirio. En tanto, para las mujeres, prometía matrimonio con héroes y maternidad gloriosa42. En Colombia, las guerrillas apelan a la justicia social y la revolución; mientras que las bandas criminales urbanas ofrecen estatus inmediato: dinero, respeto, poder. En ambos casos, se construye una narrativa que transforma al joven marginado en protagonista de una causa43.

    c) Seducción romántica, el método “lover boy”: ISIS utilizó el engaño romántico para captar adolescentes europeas, prometiéndoles maridos valientes y una vida plena en Siria44, por lo que muchas viajaron a zonas de conflicto estando convencidas de que encontrarían amor y propósito. En Colombia, el método “lover boy” se ha documentado en zonas rurales y urbanas, en las que un joven integrante del grupo seduce a una menor, la aísla emocionalmente y la convence de unirse, quien termina siendo explotada sexualmente45.

    d) Aislamiento geográfico y cultural: ISIS trasladaba a los reclutas extranjeros a Siria o Irak, donde quedaban inmersos en un entorno hostil, sin manejar el idioma ni contar con redes de apoyo46. En Colombia, los grupos trasladan a los menores a campamentos en la selva y zonas remotas, por lo que un joven urbano llevado al Guaviare queda desconectado de su entorno, sin la posibilidad de pedir ayuda47. En este contexto, cuando el gobierno no ejerce su autoridad en determinadas zonas de su territorio, pueden generarse las condiciones para el asentamiento de estructuras e infraestructuras terroristas o del crimen organizado, posibilitando su refugio y operaciones.

    e) Participación de mujeres reclutadoras: ISIS instrumentalizó a mujeres para captar otras mujeres, creando redes de “madrinas” que guiaban a las nuevas reclutas48. En Colombia, se han reportado casos de mujeres (a veces ex víctimas) que actúan como reclutadoras en comunidades o redes sociales, acercándose a otras jóvenes y normalizando la vinculación49.

    f) Control post-captación y retención: ISIS imponía códigos estrictos: cambio de nombre, adoctrinamiento, vigilancia, amenazas de muerte por deserción. En Colombia, las FARC, ELN y disidencias aplican normas similares: alias, disciplina militar, castigos severos y amenazas a la familia50. En ambos casos se evidencia que opera la socialización al interior de la agrupación, aunque a diferencia del ISIS que es terrorista, en Colombia, se trataría de grupos de delincuencia organizada en virtud de sus objetivos económicos.

TABLA 1: Análisis comparativo de las tácticas empleadas, Colombia vs. ISIS:

Mauricio Heise y Cristian Rodríguez (Diciembre 2025),

Heise, M. y Rodríguez, C. La captación de menores por el crimen organizado en Colombia: análisis de los factores de riesgo y tácticas de reclutamiento. Geoconflicts & Intelligence, Revista sobre Seguridad Global y Terrorismo, Vol. III, Núm. 3, pp. 106-124. Recuperado de https://oiscot.com/publicaciones/revista-geoconflicts-y-intelligence/volumenes/volumen-3-numero-3/revista-completa/

Fuente: Elaboración propia con datos de la ONU, Brookings, Europol (ISIS) y Defensoría, CNMH, informes prensa (Colombia).

6. EL RECLUTAMIENTO DE MENORES DE EDAD COMO VIOLACIÓN A LOS DERECHOS HUMANOS

    El reclutamiento de menores de edad constituiría una violación a los derechos humanos, debido a que transgrede instrumentos jurídicos internacionales, como el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados, que prohíbe la participación directa de menores de 18 años en hostilidades y el reclutamiento por fuerzas armadas no estatales; el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI), que define el reclutamiento de menores de 15 años como crimen de guerra y establece la jurisdicción de la CPI para juzgar estos crímenes; la Convención de Ginebra y su Protocolo Adicional II que también prohíben el reclutamiento y la participación de menores de 15 años en conflictos armados no internacionales; además la Convención sobre los Derechos del Niño, insta a los Estados a tomar medidas para asegurar que los menores no participen directamente en hostilidades; y la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos garantizan derechos fundamentales de protección y asistencia especial a la infancia51.

    Respecto a lo anterior, en el 2024 el Presidente de Colombia Gustavo Petro, afirmó que los menores de edad reclutados son utilizados como “escudos de guerra”, señalando que “los niños del Cauca se vuelven el escudo de los armados contra el Estado. Van 350 niños reclutados de los grupos indígenas. 350, eso para mí es un delito de lesa humanidad”52.

    Actualmente en Colombia está en trámite un proyecto de ley que establece penas de hasta 40 años para quienes recluten a menores en grupos ilegales. En mayo de 2025, la Comisión Primera del Senado aprobó, en primer debate, el proyecto que permitirá endurecer las penas de prisión para los responsables del reclutamiento de menores en Colombia, las que hoy establecen penas de 13 a 23 años para ese tipo de delitos53.

    El texto legal busca castigar con mayor severidad a quienes recluten, utilicen u obliguen a menores de 18 años a participar directa o indirectamente en hostilidades o acciones armadas, no solamente en grupos guerrilleros, sino también en otras formas de utilización criminal de niños, niñas y adolescentes por parte de estructuras ilegales, con el propósito de generar una respuesta más contundente frente a un delito que vulnera gravemente los derechos fundamentales de la niñez54.

7. CONCLUSIONES

    La captación de menores en Colombia por parte de organizaciones armadas ilegales representa una problemática multidimensional, que combina vulnerabilidades estructurales, dinámicas comunitarias y procesos de manipulación individual. A lo largo del análisis, se ha evidenciado que el fenómeno no responde a una única causa, sino a la convergencia de factores socioeconómicos (pobreza, exclusión social, ausencia estatal), afectivos (desprotección familiar, traumas) y culturales (normalización de la violencia, identidad comunitaria) que configuran un contexto idóneo para el reclutamiento y la socialización criminal.

    Las tácticas de captación han evolucionado desde métodos tradicionales, como la coacción, el adoctrinamiento y el control territorial, hacia estrategias híbridas que incorporan el uso intensivo de redes sociales, con plataformas como TikTok, Instagram y WhatsApp, que se han convertido en canales de propaganda y contacto directo, permitiendo a los grupos armados ampliar su alcance y sofisticar sus mecanismos de persuasión. El método del “lover boy”, la promesa de estatus, el uso de narrativas aspiracionales y la explotación emocional son ejemplos de adaptación de la captación a los perfiles psicológicos y contextuales de los menores de edad. La mayoría de los grupos armados, terroristas y del crimen organizado, comparten una característica, que es la capacidad de adaptarse, recurriendo a la tecnología de la información y las comunicaciones para generar mayor adhesión a sus filas.

    La comparación operativa con el Estado Islámico (ISIS), que ha hecho un uso intensivo de la tecnología en diversos procesos de su actividad terrorista, como reclutamiento, financiamiento, comunicaciones, planificación y propaganda, entre otros, muestra que, pese a las diferencias en cuanto a la naturaleza de los grupos, objetivos y geografía, existen patrones comunes en la arquitectura de captación: grooming digital, aislamiento físico y simbólico, adoctrinamiento, coerción y retención mediante amenazas. Esta convergencia confirma que la manipulación de menores vulnerables es una táctica que requiere de respuestas integrales. Frente a esta realidad, se concluye que la prevención del reclutamiento de niños y adolescentes debe abordarse desde un enfoque intersectorial, que combine políticas públicas de desarrollo territorial, educación inclusiva, fortalecimiento comunitario, atención psicosocial y regulación digital. La protección de la infancia no puede depender exclusivamente de la acción estatal, ya que también requiere de la implicación activa de familias, escuelas, comunidades, plataformas tecnológicas y organismos internacionales.

    Romper el ciclo de captación implica actuar antes de que el menor entre en la telaraña del crimen, identificando señales tempranas, además de ofrecer alternativas reales de vida y construir entornos seguros y afectivos, son pilares fundamentales para garantizar que los menores en Colombia crezcan libres de violencia. Como sociedad el compromiso ético debe ser claro: ningún menor debe ser utilizado como instrumento de guerra, coerción o poder.

    Finalmente, los grupos armados además de aprovechar la tecnología, hacen lo mismo con la debilidad de los Estados, debido a que la ausencia de una respuesta estatal, en aspectos como la inteligencia, la labor policial y las adaptaciones jurídicas, posibilitan que las agrupaciones criminales se fortalezcan, tanto en su etapa embrionaria como cuando se encuentran consolidadas y desarrollando sus campañas terroristas, por tanto, la inacción del Estado, o su respuesta débil, facilita el crecimiento de los grupos terroristas, pudiendo reclutar mayor cantidad de militantes, difundir propaganda extremista y planificar ataques. Entre los errores estatales también está la inexistencia de una estrategia para prevenir y contrarrestar el terrorismo y el crimen organizado, dado que los marcos estratégicos establecen lineamientos, coordinación entre la institucionalidad pública y una intervención integral, por lo que su inexistencia contribuye a que estos grupos fortalezcan todos sus pilares organizativos con cierta impunidad.

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